Amortización ¿Qué es y cuándo se aplica?

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La amortización es la distribución sistemática del importe depreciable de un activo que pueden ser bienes, recursos y derechos que tiene la empresa durante los años de su vida útil así como también derechos de autor o patentes.

Si quieres interiorizarte sobre este concepto, te invitamos a que leas el siguiente artículo. 

¿Qué es la amortización?

La amortización hace referencia a un concepto dentro del ámbito contable en el que se contempla aquella pérdida de valor de un bien durante un periodo de tiempo denominado “de vida útil”  es un proceso contable que se utiliza en las empresas para que sus cuentas anuales sean comparables entre sí. 

Pero ¿a qué hacemos referencia cuando hablamos de vida útil? Es el período que comprende el uso de un bien o de un activo por parte de la entidad y también del número de unidades de producción o similares que se espera obtener del mismo por parte de la empresa.  

La vida útil de un bien o activo será evaluada por la empresa, dependiendo de la duración de su vida útil, esto se determina a través de diferentes factores: utilización esperada, los ciclos típicos de vida del producto, la obsolescencia, la estabilidad de la industria, la actuación de los competidores, mantenimiento, límites legales y la dependencia de la vida útil de otro activo. 

Sin embargo, dependiendo de los activos que se ven afectados, se puede hablar de amortización o depreciación. 

Tanto la amortización como la depreciación son consideradas como la recuperación sistemática del valor de un activo; pero entre ambos conceptos hay ciertas diferencias: 

La amortización hace referencia a los gastos diferidos e intangibles que son aquellos recursos materiales que no se pueden tocar como derechos de autor, patentes o softwares que a medida que pasa el tiempo, envejecen y pierden su valor inicial o bien pasan a ser obsoletos. 

Pero por otro lado, la depreciación, hace referencia a los activos fijos tangibles, que son aquellos bienes palpables como el mobiliario de una empresa, sus máquinas, equipos tecnológicos, etc. 

En definitiva, a estos  procesos por los que se cuantifica el deterioro de los bienes se los denomina amortización si tiene como objeto los activos fijos intangibles y los gastos diferidos, o depreciación para los activos fijos tangibles.

¿Cómo se calcula la amortización?

Para calcular la amortización se utilizan diversos métodos que varían en su nivel de complejidad; sin embargo, hay métodos que son utilizados con más frecuencia para realizar el cálculo en relación a lo sencillo de su aplicación; este se denomina método de amortización lineal.

Consiste en la depreciación del mobiliario que conforma el patrimonio de una empresa todos los años por igual; es decir todos los años se calculará la misma cuota. 

El cálculo se resuelve entre la diferencia del valor de la propiedad o el bien y el valor residual; luego esto se divide entre los años de vida que se estima para ese bien. 

Pero ¿qué es el valor residual? Es el valor estimado que la entidad obtendría con la venta del activo si este ya cumple con su edad o su periodo útil, la condición esperada y el tiempo de uso esperado. 

El cálculo del valor residual se realiza por estimación  siendo su valor determinado antes del inicio de la depreciación. Así, el valor residual sería el valor del mercado después de toda depreciación. 

El valor residual está determinado para que la depreciación no sea incidente en el cien por ciento del valor del bien. 

Fórmula para calcular la amortización. 

A= Valor inicial del bien – Valor residual ÷ Vida útil estimada 

Para esta fórmula se necesitará tener en cuenta:

Valor inicial del bien: precio original por el que se adquirió el bien.

Valor residual: el valor del bien que obtendría la empresa por venderlo cuando haya cumplido su vida útil.

Vida útil estimada: tiempo de duración aproximado del bien expresado en años.

 ¿Cuál es el porcentaje legal de las amortizaciones?

Hay varias formas de contabilizar la depreciación de un bien, que oscilan entre los diversos métodos de amortización lineal, decreciente, progresiva, variable, etc. 

Los criterios más habituales resultan en una cuota constante (lineal) o en una variable (creciente o decreciente) y pueden tomar como referencia el desgaste en el tiempo o por producción. El método más común y más simple es el lineal basado en el tiempo. 

Para la Ley de Impuesto Sobre la Renta, los porcentajes sobre el cual se realizan las amortizaciones de activos son los siguientes: los por cientos máximos autorizados tratándose de gastos y cargos diferidos, así como para las erogaciones realizadas en periodos preoperativos, son los siguientes: 5% para cargos diferidos, 10% para erogaciones realizadas en periodos preoperativos, 15% para regalías, para asistencia técnica, así como para otros gastos diferidos. 

Sin embargo hay un sin fin de clasificaciones sobre aquellos activos por los cuales se lleva a cabo el proceso de amortización como: construcciones, ferrocarriles, aviones, comunicaciones telefónicas, comunicaciones satelitales o maquinaria de cualquier índole. 

En el caso de activos intangibles que permitan la explotación de bienes del dominio público o la prestación de un servicio público concesionado, el por ciento máximo se calculará dividiendo la unidad entre el número de años por los cuales se otorgó la concesión, el cociente así obtenido se multiplicará por cien y el producto se expresa en por ciento.

¿Qué cosas se pueden amortizar?

Como vimos anteriormente la amortización es el cálculo que se realiza sobre aquellos bienes tangibles o no, que una empresa lleva a cabo para calcular su valor; siempre teniendo en cuenta su tiempo de uso y desgaste. 

Los bienes antes mencionados se clasifican en aquellos de carácter activo que son los recursos con los que una empresa cuenta para llevar a cabo sus actividades, mientras que los pasivos indican aquellos gastos adeudados y obligaciones de pago. 

Entonces se registrarán esos desgastes, esas depreciaciones para calcular su valor real, pero esto solo es en términos contables; eso no significa que una vez que una determinada máquina amortice el 100% de su valor, no sirve más o está lista para ser desechada. 

Cada activo que pueda ser amortizado, tendrá una amortización particular que depende del tipo de activo que sea y esta se aplicará sobre un porcentaje de su valor, a su vez, esta acción se lleva a cabo cada año cuyo total se hace efectivo al final de cada ejercicio económico. 

En definitiva, la amortización de un activo no es más que la suma de todos los datos recabados en cada ejercicio contable. 

Debemos distinguir dos conceptos distintos según si la amortización se aplica a un elemento del activo o del pasivo.

Elementos de activo:

Son aquellos elementos que se encuentran en el mobiliario de la empresa y que esta los utiliza para llevar a cabo su actividad; es por este uso que se origina la depreciación de un bien ya que intervienen factores como el tiempo, la frecuencia de uso y el mantenimiento que se hace del mismo durante su vida útil; ya que esto lo que afecta no solo su productividad sino su valor conforme pasan los años. 

El inmovilizado sobre el que se aplica es:

Inmovilizado material:  terrenos, construcciones, maquinaria o elementos de transporte

Inmovilizado inmaterial: marcas, patentes, fondos de comercio, derechos de traspaso. 

Elementos de pasivo: este concepto hace referencia a aquellas deudas contraídas por las empresas que son utilizadas como inversión para financiar su actividad; esta conceptualización recae sobre préstamos y deudas utilizadas para ese fin. 

Además, son deudas a las que tenemos que hacer frente en el presente pero que hemos obtenido en el pasado, como por ejemplo, un préstamo bancario. 

La porción del capital sobre la cual se hace la devolución, se denomina cantidad amortizable mientras que la amortización acumulada está compuesta por la suma de las cuotas abonadas, siempre dejando de lado los intereses que recaen en cada una de ellas. 

En el ámbito contable, aquella amortización que implica una pérdida para la empresa, es la denominada amortización acumulada; ya que, como vimos con anterioridad, los bienes que una entidad utiliza va perdiendo su valor a medida que pasa el tiempo además influye, el uso que se le da y todo ello constituye un gasto que debe registrarse.

A su vez, esta amortización acumulada incluye los pagos anuales que se realicen para cancelar dicha deuda.

Lo que vale  nuestro activo al final de su vida útil, lo que podamos obtener de venderlo, es un ingreso. 

¿Qué activos no se amortizan?

Activos fijos sin usar

Aunque su nombre lo deja bastante claro, los activos fijos que no se usan son, por ejemplo, los edificios en construcción, la maquinaria o instalaciones técnicas en proceso de ensamblaje. 

Es importante recordar que un bien comienza un proceso de depreciación desde el momento que comienza a ser utilizado.

Un activo fijo sin usar pueden ser los terrenos o las hectáreas sin ocupar; en ellos ocurre una situación particular porque a medida que pasa el tiempo, adquiere plusvalía, es decir, aumenta su valor y cotización por el simple motivo de que no se desgastan a lo largo del tiempo.

Por lo tanto, un espacio de 200 hectáreas siempre seguirá teniendo esas características pasen los años que pasen; es más, la urbanización o el desarrollo económico de la zona puede aumentar el valor de esas hectáreas. 

A su vez, hay ciertas circunstancias que son relevantes al momento de cotizar un terreno o un conjunto de hectáreas y es que aquellos espacios que son utilizados con fines de extracción, de ganadería o minería, sí se desgastan por lo que es necesario renovar las habilitaciones correspondientes para que vuelva a tener el mismo valor.

Similar es el caso con los terrenos afectados por fenómenos naturales (inundaciones, terremotos, etc) que pueden perder su valor total o parcialmente.